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| Frederick Gowland Hopkins |
Frederick Gowland Hopkins nació en Eastbourne (Gran Bretaña)
en 1861. Sus primeras inquietudes se manifestaron en el campo de
la química analítica, por lo que comenzó sus
estudios de Medicina con una edad avanzada. Una vez terminados sus
estudios, Hopkins impartió clases sobre Fisiología
Química en la Universidad de Cambridge, convirtiéndose
en el primer catedrático de Bioquímica de esta universidad
inglesa.
Siendo catedrático, realmente como vocación tardía,
fue cuando comenzó su actividad investigadora, haciendo importantes
descubrimientos sobre la actividad metabólica de los músculos
y sobre las hormonas. Además de su actividad docente en la
Universidad de Cambridge, fue presidente de la Royal Society. Falleció
en Cambridge en 1947.
En 1912 el bioquímico Casimir Funk descubre la primera vitamina,
el factor antiberiberi o vitamina B, a partir de la levadura. Un
año más tarde descubrió otra vitamina, en este
caso la A. Este mismo investigador fue el que denominó a
estas sustancias vitaminas, derivación de las palabras vida
y amina. A Hopkins le debemos el hecho de establecer la existencia
de las sustancias imprescindibles para mantener la vida en todos
los seres vivos, es decir, el saber que en la dieta hay algunos
elementos cuya ausencia determina ciertas enfermedades carenciales.
Descubrió que unos alimentos tenían una relación
directa con el crecimiento; comprobó que el consumo de leche
conseguía hacer reanudar el crecimiento detenido de un ser
vivo en formación, y, por el contrario, una dieta carente
de este alimento ejercía una influencia negativa sobre el
crecimiento. A través de sus estudios llegó también
a la conclusión de que esta sustancia activa sobre el crecimiento
de los seres vivos es la vitamina A.
Dirigió sus investigaciones hacia estas sustancias fundamentales
y a determinar cuál era su relación con los procesos
vitales del organismo. Todos estos estudios produjeron un gran avance
en el conocimiento y tratamiento de muchas enfermedades carenciales.
Christiaan Eijkman
Christiaan Eijkman nació en la ciudad holandesa de Ninjkerk
en 1858. Sus estudios los tuvo que realizar en la Universidad de
Zaandam, en la cual obtuvo la licenciatura y el doctorado. Durante
varios años desarrolló su actividad laboral en las
colonias holandesas, concretamente en Sumatra, en donde permaneció
dos años, y en Java. Contagiado de paludismo, abandonó
las colonias y regresó a Holanda. Su espíritu investigador
hizo que se trasladase a Berlín para estudiar Bacteriología
con Robert Koch, descubridor del agente causal de la tuberculosis
y Premio Nobel de Medicina de 1905.
En 1898 obtuvo el cargo de Catedrático de Salud Pública
y Medicina Forense de la Universidad de Utrech, ciudad en la que
permaneció hasta su muerte. Galardonado con el Premio Nobel
de Medicina de 1929, no pudo acudir a la entrega del Premio por
encontrarse gravemente enfermo; un año más tarde falleció
en Utrech.
Formó parte de las expediciones que su país organizó
a las colonias holandesas de Asia para investigar el beriberi. La
idea dominante era que esta enfermedad era producida por un virus,
y las primeras experiencias de Eijkman estuvieron encaminadas a
inocular la enfermedad a gallinas sanas.
Lógicamente estas investigaciones resultaron negativas, pero
pudo apreciar que el beriberi desaparecía de las gallinas
enfermas cuando se alimentaban con arroz no refinado, es decir,
con su cáscara. A partir de esta observación sospechó
que la enfermedad podría estar producida, en vez de por una
infección vírica por una intoxicación alimentaria
a partir del arroz.
Las apreciaciones de Eijkman no estaban en lo cierto, pero sus estudios
abrieron nuevas vías al conocimiento del beriberi y de su
posible etiología. Posteriores investigadores determinaron
la existencia de la vitamina B en la cáscara del arroz, pudiendo
de esta manera determinar que el beriberi no era producido por una
infección vírica, sino que era la consecuencia de
una carencia alimenticia. A partir de ese momento se pudo establecer
un tratamiento eficaz.
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